Viñas en pie franco: el tesoro prefiloxérico del vino español

Viñas en pie franco: el tesoro prefiloxérico del vino español

Introducción

Una tarde de otoño en Castilla, entre viñedos de cepas retorcidas y centenarias, el viticultor señala orgulloso una vid cuyo tronco grueso y nudoso parece una escultura viviente. “Esta cepa nació antes de que mi bisabuelo naciera”, comenta. Sus raíces descienden profundamente en el suelo arenoso, intactas desde hace más de un siglo. Son viñas de pie franco, plantas que crecen sobre sus propias raíces originales, auténticas supervivientes de la historia. Para el aficionado medio, puede sonar a un detalle técnico menor, pero detrás de ese término se esconde una historia fascinante: la de unas vides que esquivaron la plaga más devastadora de la viticultura y hoy producen algunos de los vinos más singulares de España.
Hablar de viñedos en pie franco es hablar de un legado casi perdido. A finales del siglo XIX, una plaga, la filoxera, arrasó la práctica totalidad de los viñedos europeos. La solución fue injertar las variedades europeas sobre raíces americanas resistentes (dichas raíces son resistentes a este parásito). Esta práctica se convirtió en norma desde 1900 y posteriormente la legislación española hizo obligatoria para nuevas plantaciones. Desde entonces, casi todas las cepas que vemos en los viñedos están injertadas: la raíz es americana y el tronco y sarmientos son de nuestra Vitis vinifera europea. Sin embargo, algunas vides resistieron. Ya fuera por aislamiento geográfico, suelos arenosos o condiciones únicas, ciertos viñedos lograron escapar del desastre. Esas cepas permanecieron sin injertar, tal como crecían antes de la llegada de la filoxera. En ellas la planta es una continuidad, de la raíz a las hojas, la misma identidad genética; son joyas vitícolas que hoy despiertan la admiración de enólogos y amantes del vino.

¿Qué significa tener una viña en pie franco?

Tener una viña en pie franco significa cultivar la vid tal como se hacía ancestralmente: la planta enraiza directamente en la tierra con sus propias raíces, sin estar injertada sobre un patrón foráneo. En otras palabras, es la misma planta desde la raíz hasta los pámpanos. Esto contrasta con la práctica habitual desde el siglo XX: plantar vides europeas injertándolas sobre pies americanos resistentes a la filoxera. Aquella catástrofe supuso un antes y un después: la filoxera, un insecto microscópico procedente de América, llegó a España hacia 1878 y devastó viñedos alimentándose de sus raíces. La solución –injertar en portainjertos americanos– salvó nuestras uvas, pero alteró para siempre la manera de cultivar la vid.
Desde entonces, las cepas sin injertar se volvieron extremadamente raras. En España, la ley prohíbe plantar viñas sin injerto (salvo excepciones muy controladas) para evitar rebrotes de la plaga. Solo sobreviven aquellas viñas plantadas antes de esas normativas o situadas en lugares donde la filoxera nunca pudo prosperar. A esas plantas longevas y genuinas se las llama indistintamente viñas de pie franco o cepas prefiloxéricas. Estrictamente hablando, no todos los viñedos de pie franco son anteriores a la filoxera (algunos se plantaron después en zonas seguras), pero todas las viñas prefiloxéricas son de pie franco por definición. En cualquier caso, estos viñedos representan un vínculo directo con el pasado: son viñas originales europeas, de genética intacta, reliquias vivientes que ofrecen una ventana a los sabores de otro siglo.

Un patrimonio disperso por el viñedo español

Hoy en día, las viñas en pie franco son minoritarias, casi excepcionales, pero se encuentran dispersas por toda la geografía española. Se calcula que representan menos del 4% del viñedo nacional. Están escondidas en rincones donde la filoxera no logró avanzar: terrenos arenosos (con más de 60% de arena) que frenaban al insecto al derrumbar sus galerías subterráneas, islas alejadas o zonas áridas poco hospitalarias para la plaga. Gracias a esas condiciones naturales —suelos sueltos, aislamiento o altitudes— algunas viñas centenarias sobrevivieron al apocalipsis vitícola del XIX. En otros casos, tras la filoxera, se replantaron cepas en pie franco aprovechando esos mismos suelos inmunes. Así, España conserva pequeños tesoros: cepas viejísimas de albariño en Galicia, de tempranillo en Castilla, de garnacha en Aragón, de monastrell en Murcia, e incluso extensiones enteras de viña en Canarias que jamás conocieron injerto.
El mapa de estos viñedos singulares abarca gran parte del país. Algunas regiones destacan especialmente por conservarlos, a menudo en parcelas muy pequeñas y viejas. A continuación, presentamos una tabla con las principales Denominaciones de Origen (DO) de España donde pervive este patrimonio, junto con sus características más relevantes:


Principales Denominaciones de Origen con viñedos en pie franco en España:

DO / RegiónZona de viñedos en piefranco destacados
Rias Baixas (Pontevedra)Cepas centenarias de albariño en suelos arenosos resistentes a la filoxera. Viñas prefiloxéricas especialmente en la subzona del Salnés.
Ribeira Sacra (Orense/Lugo) Viejas cepas de mencía (y otras) en bancales aislados de Ribeira Sacra . Algunos viñedos prefiloxéricos subsisten en terrazas pizarrosas donde la plaga tuvo impacto limitado.
BierzoPequeños majuelos antiguos de mencía en zonas altas y suelos arenosos. Viñas viejas de más de un siglo que  sobrevivieron en valles aislados del noroeste.
Ribera del DueroCepas muy viejas de tempranillo (Tinta fino) en pie franco, Castilla y León sobre todo en la provincia de Soria (Valle de Atauta) con suelos arenosos.
Rueda
Viñedos prefiloxéricos de verdejo en suelos arenosos (zona Rueda,Nieva, Segovia). Destacan parcelas con verdejos centenarios
Toro (Zamora)Cepas centenarias de Tinta de Toro (Tempranillo) en suelos franco-arenosos a orillas del Duero.
Borja (Aragón)Antiguos viñedos de Garnacha. Algunas cepas Campo de Borja supervivientes en terrenos pobres del Moncayo 
Jumilla (Murcia)Amplias zonas de monastrell en pie franco. Suelos calcáreos y arenosos más la aridez limitaron la filoxera. La DO conserva cientos de hectáreas de viñas sin injertar, algunas de las mayores extensiones en España
Yecla (Murcia)Viñas viejas de monastrell en terrenos arenosos. Sobrevivieron a la filoxera por condiciones similares a Jumilla (clima seco, suelo suelto) y aún producen vinos de gran carácter.
La ManchaViñedos tradicionales de Airén y Cencibel (Tempranillo) en pie franco en zonas puntuales con suelos arenosos. Ejemplo: cepas de airén plantadas en 1950 en Tomelloso.
Manchuela (Albacete/Cuenca)Parcelas muy viejas de Bobal sin injerto.
Almansa (Albacete)Viñas antiguas de variedades tintas (ej. Garnacha tintorera) en suelos arenosos. Aunque la filoxera llegó tardíamente, algunas cepas en pie franco aún se encuentran en parajes 
RiojaMuy escasas cepas prefiloxéricas, principalmente Tempranillo o Garnacha en suelos arenosos de Rioja Alta/ Alavesa. Ejemplo notable: viña de 1850s en Badarán empleada por Bodegas Berceo
Marco de JerezViñedos en arenas costeras (Rota, Chipiona) donde la filoxera no prospera. Tintilla de Rota y Moscatel son cultivadas en pie franco en pagos históricos de arena.
Islas CanariasEl archipiélago nunca sufrió la filoxera, muchísimas de sus viñas son de pie franco. Cepas viejísimas de varias de sus DOs de Listán, Malvasía, Negramoll, Vijariego,… adaptadas a suelos volcánicos

Como vemos, Galicia, Castilla y León, Murcia, Canarias y ciertos enclaves de Aragón, La Mancha y Andalucía albergan estos viñedos especiales. Suelen ser pequeñas parcelas escondidas entre viñedos modernos, a veces reconocibles por sus cepas de porte antiguo, separadas entre sí más de lo habitual (una técnica que también dificultaba la propagación de la plaga) 3 . Muchas se ubican en terrenos poco fértiles –arenas casi dunosas, picón volcánico negro, laderas de pizarra desmenuzada– donde otras plantas apenas crecerían. Allí, esas cepas centenarias hunden sus raíces profundas en busca de nutrientes y agua, aferrándose con resiliencia a su terruño. El resultado son vinos que los entendidos describen con frecuencia como “prodigiosos, con alma, intensamente personales”, nacidos de variedades autóctonas de noble linaje. No es casualidad que algunos de ellos estén entre los más cotizados del mercado: su rareza y calidad los ha encumbrado casi a la categoría de mito enológico.
De hecho, ciertos vinos de pie franco alcanzan precios astronómicos. Por ejemplo, Capitel (de Bodega Ossian en Rueda), elaborado con verdejo de cepas con cerca de 200 años, ronda los 112€ la botella. En Toro, Termanthia (Marcos Eguren, hoy propiedad de LVMH) supera los 300€ gracias a la majestuosidad de sus tempranillos centenarios. Y en Lanzarote, un dulce histórico como Canari de Bodega El Grifo (Malvasía volcanica procedente de cepas centenarias plantadas en hoyos en la ceniza) alcanza los 120€. Pero afortunadamente no hace falta gastar tanto para experimentar las virtudes del pie franco: también existen vinos asequibles elaborados con estas viñas, desde blancos gallegos vibrantes hasta tintos levantinos potentes. Lo importante, más allá del precio, es el valor cultural y enológico que encierran: cada sorbo es un reencuentro con la viticultura de antaño, una expresión irrepetible de cepas que casi desaparecen.

Bodegas y vinos emblemáticos de viñas sin injerto

En la última década, numerosos enólogos y bodegueros se han lanzado a recuperar y poner en valor estos viñedos olvidados. Detrás de cada vino de pie franco suele haber una historia de perseverancia: la búsqueda de un “viñedo perdido”, la lucha por arrancarlo al abandono y devolverle la vida. Como señalaba un periodista especializado, la recuperación de estas cepas antiguas “supone un hito en la gran transformación vitivinícola española” reciente. Veamos algunos ejemplos representativos de bodegas y vinos que trabajan con este tipo de viñedo:

  • Galicia (DO Rías Baixas) – Do Ferreiro Cepas Vellas es ya un vino de culto. Gerardo Méndez, su elaborador, mima unos pocos centenares de cepas de albariño con cerca de 200 años de edad en Cambados. Esas plantas prefiloxéricas, retorcidas y bajas, producen un blanco extraordinario, considerado la expresión más pura del albariño gallego. Sus racimos, algunos años afectados por la noble podredumbre, dan un vino de complejidad aromática asombrosa (frutas maduras, toques tropicales, azahar, hierbas…), graso y larguísimo en boca. Cada botella es prácticamente una lección de historia líquida de Rías Baixas.
  • Castilla y León (DO Ribera del Duero) – En la región de Atauta (Soria), a casi 1.000 metros de altitud, Dominio de Atauta elabora tintos soberbios a partir de cepas de tempranillo plantadas entre 1880 y 1900. Son viñedos diminutos, repartidos en más de 25 parajes del Valle de Atauta, con cepas de 120 a 140 años en pie franco. Jaime Suárez e Ismael Sanz, al frente del proyecto, emplean técnicas respetuosas (fermentaciones en tinas de madera, crianzas moderadas) para dejar hablar al viñedo. El resultado –como su vino Dominio de Atauta 2021– exhibe intensa fruta roja y negra madura, notas florales, especias y hierbas aromáticas, con una frescura y persistencia que delatan la altitud y la antigüedad de las plantas. Es un Ribera del Duero distinto, casi atlántico en su finura, un tributo a esas viñas centenarias sorianas que por su escasa producción estuvieron a punto de desaparecer.
  • Rioja (DOCa Rioja) – Pocos imaginan que en la cuna del tempranillo todavía quede alguna cepa previa a 1900, pero las hay. La histórica Bodegas Berceo (hoy parte del grupo Manzanos) lanzó recientemente Los Dominios de Berceo Prefiloxérico, un tinto de tempranillo procedente de cepas con más de 170 años 2 . Estas viñas reliquia, plantadas hacia mediados del siglo XIX, sobrevivieron en algún rincón de la Rioja Alta gracias a suelos arenosos locales. El vino, criado 8 meses en barrica usada, despliega aromas profundos de frutos del bosque en confitura, hierbas balsámicas, especias, cacao… y en boca resulta elegante, de paso fresco pese a su concentración, con personalidad marcada 2 4 . Más allá de sus puntuaciones, emociona pensar que proviene de plantas anteriores a la filoxera, algo casi impensable en Rioja.
  • Castilla-La Mancha (Toledo) – No solo de tintos vive el pie franco: en Corral de Almaguer, la familia García de Lara cultiva 22 hectáreas de airén en pie franco plantadas en 1933. Su vino Finca Villalobillos Airén Pie Franco es un blanco sorprendente, que reivindica la uva blanca más plantada de España en su versión más auténtica. La airén, a menudo asociada a vinos simples, aquí muestra otra cara: tras fermentar el mosto yema en barricas usadas y criarse 12 meses, ofrece notas de fruta de hueso madura, matices tropicales, flores blancas, hierbas aromáticas y un ligero recuerdo ahumado. En boca se muestra sabroso, graso pero fresco, con un final ligeramente amielado. Es la prueba de que incluso una variedad humilde puede brillar cuando procede de viñas viejas sin injertar, manejadas con cariño y baja intervención.
  • Levante (Murcia, Comunidad Valenciana) – La región murciana es un bastión de viñas monastrell en pie franco. Un ejemplo célebre es Casa Castillo Pie Franco (DO Jumilla), un tinto 100% monastrell de una parcela plantada en 1942 sobre suelos arenosos. Cosecha tras cosecha, este vino ha maravillado a críticos internacionales por su potencia y elegancia, situándose entre los mejores monastrell de España. De color picota intenso, suele exhibir aromas de fruta negra madura, especias mediterráneas y monte bajo, con una mineralidad terrosa muy marcada. Su boca es estructurada pero equilibrada, taninos finos y largo posgusto. La clave está en esas viejas cepas en pie de terreno –como allí las llaman–, de rendimientos minúsculos (menos de 1 kg por planta) que concentran el carácter del terruño. En la vecina Manchuela, el enólogo Juan Antonio Ponce también ha querido destacar el valor de las viñas sin injerto: su vino “P.F.” (Pie Franco), elaborado con bobal de cepas prefiloxéricas, es otro referente. Ponce trabaja con cepas muy viejas de bobal en pequeñas parcelas familiares, y con P.F. busca “narrar con nitidez el terruño” de Iniesta (Cuenca). Es un tinto de mínima intervención, fermentado con levaduras autóctonas y criado en grandes tinas, que se muestra expresivo en aromas (fruta roja madura, flores, hierbas de campo, toque cítrico) y sabroso y frutal en boca, pero sobre todo genuino. Tanto es así que el propio Ponce defiende apasionadamente las virtudes de las viñas en pie franco en sus declaraciones públicas.
  • Islas Canarias – Mención especial merecen los vinos canarios, un mundo aparte. En Lanzarote, por ejemplo, las viñas de malvasía volcánica se cultivan en espectaculares hoyos excavados en ceniza negra. Todas las cepas son de pie franco, muchas plantadas hace más de cien años. Bodegas centenarias como El Grifo han sabido aprovechar este patrimonio: su vino dulce Canari es un solera que mezcla añadas muy antiguas de malvasía, ofrecendo un elixir tostado, meloso y de acidez sorprendente. Otra joya es Vidueño de Suertes del Marqués (Tenerife), un blanco seco procedente de multitud de variedades locales mezcladas en viña, todas en pie franco en las laderas del Teide. Los vinos canarios nos transportan a otro tiempo: cada sorbo evoca cómo serían los vinos peninsulares del XIX, antes de la era del injerto. Como dicen allí, “el viñedo canario es un museo vivo”, donde uvas casi extinguidas en Europa siguen dando luz a vinos con alma ancestral.
    Estos ejemplos ilustran la diversidad de terroirs y variedades que cobija España en sus viñas libres de injerto. Desde las brumas atlánticas de Galicia hasta las cenizas volcánicas de Canarias; desde las mesetas castellanas hasta los arenales andaluces, cada vino de pie franco cuenta una historia. Son proyectos a menudo personales, nacidos del empeño de viticultores por preservar una parcela familiar o rescatar un viñedo olvidado. Y si bien suelen ser producciones limitadas, su prestigio creciente indica que el público está redescubriendo su valor. En términos enológicos, aportan complejidad y singularidad al panorama vinícola, enriqueciendo la paleta de sabores disponible para el consumidor inquieto.

¿Se notan diferencias en la copa? El debate organoléptico

Una pregunta inevitable es: ¿aporta realmente algo distinto una viña en pie franco al sabor del vino, comparada con una viña injertada? La respuesta no es categórica y a menudo depende de a quién se pregunte. Muchos enólogos y expertos sostienen que sí existen diferencias apreciables. Argumentan que el portainjerto americano, aunque neutro en cuanto a uva, puede influir en el vigor de la planta y en la absorción de ciertos nutrientes, alterando sutilmente el perfil del vino. Al no haber injerto, la vid de pie franco estaría en teoría más conectada con su suelo y expresaría con mayor pureza las características de la variedad y del terruño.
De hecho, varios viticultores de renombre defienden apasionadamente el pie franco. El enólogo chileno Marcelo Retamal (Viña De Martino) afirma: “Para mí, el uso de un pie injertado es algo antinatural y sobre todo altera el terroir. Si tienes el mismo viñedo plantado con uvas injertadas sobre diferentes pies… tendrás un montón de vinos diferentes. Para mí, el pie franco asegura la mejor expresión del terroir”. En España, Juan Antonio Ponce (Bodegas Ponce, Manchuela) comparte esa opinión: “El pie franco muestra la pureza de una variedad… Las uvas plantadas en pie franco no son modificadas por la característica de la planta portainjertos. La calidad… mejora en cada vendimia, y las uvas demuestran más intensidad del terroir de donde vienen”. Es decir, según Ponce, cada año las viñas sin injerto profundizan su arraigo al terreno y eso se traduce en uvas más expresivas.
También desde las denominaciones de origen llegan voces en esta línea. La D.O. Rías Baixas destaca que sus cepas en pie directo “captan mejor la esencia del suelo” y producen uvas de características varietales más acentuadas. Añaden que cuanto más antigua es la viña, más matices y riqueza aromática aportará al vino. De forma parecida, en Jumilla se observa que el pie franco en sus monastrell permite “acentuar las características varietales” de la uva, obteniendo vinos que reflejan con nitidez la identidad de la variedad y la finca. En resumen, para muchos profesionales, un vino de viñas sin injertar tiende a mostrar mayor complejidad, autenticidad y vínculo con el terruño que su equivalente injertado.
Sin embargo, no todos están completamente convencidos o, al menos, hacen matices. El sommelier paraguayo Oliver Gayet, por ejemplo, confesó tras catar vinos de ambos tipos que personalmente “no consigue notar la diferencia” de calidad o sabor entre un vino de pie franco y otro injertado. En su opinión, los vinos europeos actuales (casi todos con pie americano) alcanzan niveles de excelencia tales que sería difícil señalar a ciegas cuál es cuál. Y es cierto que hay grandísimos vinos en el mundo, desde Burdeos hasta Ribera del Duero, obtenidos de viñas injertadas. Por otro lado, algunos científicos apuntan que el ADN de la uva es el mismo con o sin injerto; el portainjerto influye sobre todo en la resistencia a enfermedades y en la gestión de agua y nutrientes, pero su efecto sensorial es difuso y complejo de medir.
Además, a menudo confluyen otros factores que dificultan la comparación directa. Las viñas en pie franco que perduran suelen ser muy viejas, y la edad de la cepa es un factor crucial en la calidad: cepas centenarias tienden a rendir poco y concentrar mucho, dando uvas de altísima calidad, independientemente del tipo de raíz. Como indica la propia DO Rías Baixas, “cuanto más antiguas sean, más riqueza en aromas y matices tienen sus uvas y los vinos que producen”. Por eso, cuando comparamos un vino de pie franco (a menudo procedente de viñas de 100 años) con otro de viña joven injertada, no estamos ante las mismas condiciones. La edad, el manejo vitícola y el terroir particular pueden explicar gran parte de las diferencias organolépticas. Un experto lo resumía así: los vinos de pie franco “tienen un plus de sabor, complejidad y profundidad”, pero también influye que sean viñas viejas en muchos casos. En consecuencia, el factor pie franco suele venir de la mano con otros atributos (viñedos viejos, suelos singulares, viticultura cuidada) que conjuntamente elevan la calidad del vino.
En cualquier caso, más allá de las discusiones técnicas, existe un consenso en que los vinos de viñas sin injertar tienen un componente emocional y cultural especial. Son lo más cercano que podemos estar de probar el “sabor original” de nuestros varietales históricos, tal como eran antes de 1860. Un veterano enólogo comentaba que beber un vino de un viñedo 100% pie franco es “probar un vino a la antigua, con un sabor que nunca tuvo alteración alguna”, una cápsula del tiempo en botella. Esa conexión con la historia –saber que la vid que produjo tu vino hunde sus raíces en el mismo suelo desde hace generaciones, sin intervención foránea– aporta sin duda un disfrute intangible al degustarlo.

Conclusión: ciencia, historia y emoción en cada copa

Al final, los vinos españoles de viñas en pie franco trascienden la mera curiosidad agronómica para convertirse en experiencias únicas. En ellos confluyen la ciencia (son el resultado de adaptaciones genéticas y viticultura precisa), la historia (encarnan la resistencia de nuestro viñedo a la filoxera y la continuidad de tradiciones centenarias) y la emoción (nos hacen partícipes de un legado vivo). No se trata de proclamar que un vino de pie franco sea automáticamente “mejor” que otro injertado –la calidad depende de muchos factores–, sino de apreciar que son diferentes, singulares e irrepetibles.
Cada sorbo de un buen vino procedente de cepas prefiloxéricas nos conecta con sabores casi extinguidos y nos recuerda la resiliencia de la vid y de quienes la cultivan. Detrás de esas botellas suele haber pequeñas grandes historias familiares, esfuerzos por conservar patrimonio genético y cultural, y una pasión contagiosa por hacer vinos con identidad. En un mundo del vino cada vez más globalizado, estandarizado y tecnificado, las viñas en pie franco aportan una dosis de autenticidad y misterio: el encanto de algo que sobrevivió contra todo pronóstico y que, gota a gota, nos cuenta su historia.
Así que, la próxima vez que vea en la etiqueta de un vino la mención “pie franco” o “viña prefiloxérica”, deténgase un momento. Sepa que tiene entre manos algo más que un vino: casi un documento histórico líquido, una rara obra maestra de la naturaleza y del hombre. Y al brindar con él, estará homenajeando a aquellas viejas cepas valientes que, con sus raíces propias, siguen regalándonos el sabor intacto de la tierra. ¡Salud!

¡Si te ha apasionado esta historia sobre las viñas de pie franco y quieres seguir descubriendo los secretos mejor guardados del vino español, no te vayas sin suscribirte al blog!
Así estarás al tanto de nuevos artículos, catas, entrevistas y rutas vinícolas únicas directamente en tu bandeja de entrada. 🍷📬
Además, te invitamos a seguirnos en Instagram @spanishwinenews para disfrutar de contenido exclusivo: fotos de viñedos singulares, vídeos desde las bodegas, recomendaciones de vinos y mucho más.
✨ Únete a nuestra comunidad de amantes del vino con alma.
Porque cada cepa tiene una historia… y aquí te la contamos.
¡Salud y gracias por leernos! 🍇💬

Bibliografía

  • Delgado, Carlos. Seis vinos asequibles con la poco conocida identidad ‘pie franco’. El País (Gastronomía), 02/11/2024.
  • D.O. Rías Baixas – Consejo Regulador. Viñedos en pie franco en la D.O. Rías Baixas, 26/08/2024.
  • Catadelvino.com. ¿Sabes a qué se le llaman los viñedos de Pie Franco?, 10/09/2015.
  • Bodegas BSI (Jumilla). Vinos de pie franco: el exquisito sinónimo de calidad, 03/12/2019.
  • Gayet, Oliver. La cuestión del pie franco y el pie injertado. ABC Color (Paraguay), 04/09/2015.
  • Gayet, Oliver. Philoxera (Capítulo III). ABC Color, 05/03/2012… – Delgado, Carlos. Seis vinos de la singular variedad tintilla de Rota. El País (Gastronomía), 01/06/2024… – (entre otras fuentes citadas a lo largo del texto)
  • Seis vinos asequibles con la poco conocida identidad ‘pie franco’ | Beber | Gastronomía | EL PAÍS https://elpais.com/gastronomia/beber/2024-11-02/seis-vinos-asequibles-con-la-poco-conocida-identidad-pie-franco.html

latest posts

categories

subscribe to my blog